La tristeza de la frustración


No se si a todos no nos gusta el trabajo, el lugar donde vivimos, la ruta que transitamos todos los días o es la costumbre de vivir en frustración permanente. No se si es una enfermedad que viene adherida al ADN por haber nacido después del 90, o fruto de lo completamente satisfactoria que fue mi niñéz, que todo a mi alrededor de frusta.

Tengo la costumbre de no encajar. De exigir demasiado y por lo tanto frustarme, porque siento que los demás no dan lo mismo. O seré yo? Seré yo la que tengo que dar menos? me uno al rebaño de ovejas y me siento a esperar a que caminen?

En este momento no tengo nada que me apasione: ni una idea, ni un proyecto, ni un trabajo. Convivo todos los días con favores, conveniencias, extorsiones, reclamos. Sin motivación no se puede vivir.

Vivo en un mundo sin amigos, sin amigas, sin quien me pregunte cómo estoy, cómo me siento. Siempre tengo que fingir estar bien, ser buena, sonreir. No me puedo quejar. Qué difícil es no poder llorar.

Podré publicar esto sin que vengan los convenientes aparecidos a preguntarme: "porqué dices eso?",  "puedes contar conmigo", "siempre voy a estar". Y a la semana, "ya estará bien"

Los seres humanos no somos amigos, tenemos relaciones de conveniencia. Aunque no puedo dudar de las relaciones con personas incondicionales que me rodean y con las cuales puedo ser yo y feliz: mi mamá, mi hermano, mi novio adorado y mi cuñada (que somos igualitas).

Comprobé que el resto va y viene. Te puedes tatuar una relación que crees que será para toda la vida, pero luego compruebas que cualquier pendejo la puede borrar.

Comentarios

Entradas populares